Izo mi silla así observo desde lo alto, cual fuerza superior que todo lo ve. Acomodo el teclado, el mouse y estoy listo para esta hazaña que comienza.
El mapa de la oficina es bien complejo, o no tanto.

Allá por el fondo, cerca de la impresora se ubica una mina de rulos rubios y cara de piedra. Con su notebook sobre el escritorio se la pasa el día hablando por teléfono como si no existiera más nadie que ella. Relegada, alejada de todo contacto social dispensa sus días a poner cara de ogro o a interrumpir el ambiente silencioso con sus gritos. Pobre del interlocutor de turno, del otro lado del aparato: sordera temporal (con suerte) que le dicen.

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